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Hay espacios que no requieren ser explicados, solo habitados.

Hablar de mí podía sentirse como un congelamiento, incluso en el cuerpo.
Una señal no de compartir, sino de mostrarme ante el mundo.
Tal vez no en el sentido de estar, sino en el de ocupar mi lugar en él.

Hoy decido escribir, no como un castigo, sino como una forma de cruzar esa frontera.

Amar es el nombre que lleva el espacio que habito en la intimidad.
Esa intimidad que no puede explicarse y solo puede sentirse.
Una intimidad que se crea cuando nos sentimos, cuando no basta con saber que existimos, sino que estamos ahí para nosotros mismos.

Ese espacio que aparece al abrir los ojos por la mañana, estirarse, respirar y saber que, en el lugar en el que estemos emocional o físicamente, también hay movimiento. Hay diálogo.

 

Amar no nació solo con la intención de habitarlo como mío, sino de señalar el espacio que ya existe en ti, sin necesidad de estar en el mío.

 

Eso es Amar.
Nace de estar.
De sentir.
De mirar.

 

Y la verdad es que no se miran “cosas”.
Es que, al sentir, se mira.

El cuerpo se vuelve raíz que sobresale.
Una forma de estar.

Eso es Amar. Así ha nacido.

​Y en cuanto a mí, mostrar una biografía llena de títulos no me valida como ser o estar. No me define. Podría llenarla, pero basta con que sepas que todo lo que ves, todo lo que lees y sientes cuando lo haces, ya habla de mí.

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